feb 24

A sabiendas de que a Apple le va a importar muy poco lo que publiquemos los medios especializados en el mundillo de la manzana, eso no nos impide rendir cuentas de realidades que caen por su propio peso, pero en este caso, vamos a centrarnos en la propia compañía y qué debería hacer si en sus cánones está el dar ejemplo de lo que es “moralmente aceptable para todos los públicos” y no caer víctima de su propia hipocresía.

Podríamos empezar hablando sobre lo mucho que dice mucho de Apple el hecho de que hasta ahora, se ha beneficiado económicamente de unas aplicaciones de pago cuando hasta hace muy poco decide que contienen material inaceptable. Podríamos decir, que destruír el negocio de muchos desarrolladores y empresas porque se le antoja -pero no se carga los que no son popularmente conosidas , y además tienen los bemoles de reconocerlo publicamente – no está bien visto. Podríamos decir que por esa misma regla de tres, gran parte del material de la iTunes Store debería ser eliminada del catálogo porque contiene material explícito, tanto en música, como en vídeos. Podríamos decir que, tres años después del lanzamiento del iPhone, el control parental queda claro que no sirve de un carajo. Dado que todo esto puede tener sus matices desde el punto de vista de quien manda, no vamos a tocarlo. Pero si vamos a tocar algo que parece que a la mayoría le ha pasado por alto.

Cualquier aplicación del iPhone y del iPod touch que abra una ventana del navegador, abre la puerta a un mundo que va, por suerte o por desgracia, a un lugar muchísimo más escabroso, retorcido y políticamente incorrecto que se llama Internet. El internet no puede controlarlo Apple, pero si hace gala de sus geniales políticas aplicándose el cuento y dando ejemplo, debe cerrar esa puerta. Y esa puerta se llama Safari. Así que Apple debería eliminar Safari, porque Safari es portador y vehículo de mucho más que señoritas ligeras de ropa. Y de paso, eliminar Mail, porque vaya usted a saber qué le va a entrar ahí. Y así escalando por todo el entramado de divisiones de productos de la compañía, hasta tocar fondo y diversificarse hacia, por ejemplo, restaurantes; eso si, con las camareras con uniformes de cuello alto.

Apple jamás dirá que en su negocio ha hecho, hace y seguirá haciendo lo que le de la real gana, pero eso no significa que sea evidente y a la vista está de todo el mundo. Otros decimos que efectivamente, es un negocio, pero de una compañía que da tratos de favor y que actúa de forma hipócrita y a su conveniencia. Y como Apple seguirá haciendo más cosas bien que mal, la compañía seguirá en la cresta de la ola, gracias a sus clientes, que cada día somos más. Si Apple cree que el ser la compañía que cambia al mundo le da derecho a hacer cosas como esta, puede que el día de mañana se de cuenta que debe rectificar.



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