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Por todos es sabido que las empresas buscan siempre la mejor forma posible de pagar pocos impuestos, sobre todo cuando trabajan a nivel mundial y pueden permitirse acogerse a la legislación del país que más les convenga. En Europa, Apple lo tiene muy claro: Irlanda es su país amigo. Y no es por el gran número de estadounidenses con ascendencia irlandesa, sino porque gracias a estos la compañía paga tan solo un 2,5% de impuestos sobre beneficios.

En España, las empresas pagan un total de impuestos mucho más alto. El periódico El País afirmaba hace unos meses que las compañías españolas asumían unos impuestos de solo el 10%, aunque un brillante artículo de El Blog Salmón desmentía estos datos, aclarando que la cifra sobrepasa el 20%.

Con tales números podemos ver la clara diferencia entre la compañía norteamericana y las españolas. Apple aprovecha la baja tributación irlandesa para facturar desde ahí el 99% de las ventas que realiza en España. Teniendo en cuenta la ingente cantidad de operaciones y dinero que éstas mueven, podemos hacernos una idea de la ventaja competitiva que supone la diferencia en el porcentaje de impuestos sobre beneficios.

Apple se beneficia además de algunos descuentos en otros países como Brasil, donde recientemente Foxconn ha logrado una reducción del 95% sobre productos industrializados.



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